Con 6 años recién cumplidos Jon y yo nos pusimos a jugar a Lost in Play hace unos meses.
En los juegos como este que no son cooperativos (solo se juega con un mando) Jon se queda con el mando y a mí me toca leer los textos en pantalla -cada vez hay menos juegos con las voces traducidas al español-. Pero esto es bueno para mis intereses respecto a Jon, ya que me sirve de acicate para que Jon vea lo útil que es aprender a leer, ya que así no necesitaría a su padre para poder jugar cuando él quisiera.
Uno de mis objetivos con este tipo de videojuegos, es que Jon se aficione a la lectura. Y es que hoy por hoy, no existe nada mas inmersivo, nada que te haga sentir de tal modo que eres el protagonista de una historia, que un videojuego.
Y la historia de Lost in Play es una en la que a cualquiera le gustaría ser el protagonista.
Lost in play es una aventura point and click -de esas de coger esto para usarlo con esto y conseguir que pase nosequé- plagada de ingeniosos rompecabezas y puzzles.

Es una historia de dos hermanos (hermana pequeña y hermano mayor) que deben conseguir volver a su casa de un mundo extraño en el que han aterrizado mientras un malvado goblin se lo intentará impedir con muy malas artes, mientras diferentes habitantes de este mundo situado entre la fantasía y lo onírico les echan una mano.
La historia comienza con dos hermanos llevándose como se suelen llevar dos hermanos cuando tienen que pelear por los espacios y recursos en una familia, pero acaba con dos hermanos que al menos hasta que vuelva a reinar la monotona normalidad son uña y carne, gracias a lo mucho que han hecho el uno por el otro y lo que han colaborado ante los desafíos, problemas y retos a los que se han ido enfrentando -no hay nada que una más que ejecutar con exito una escapada conjunta de una carcel-
Desborda imaginación y creatividad en cada detalle. Tanto en la historia como en el apartado gráfico. Pero no voy a hacer aquí un análisis del juego, que ya hay muchos, ese no es el punto de estos escritos. El punto de estos escritos es el de ser una ventana a como ve y vive un niño de 6 años estas experiencias, y en concreto, como las ve y vive Jon.
Lost in Play da la posibilidad de solicitar una pista para resolver cada rompecabezas, y a veces esto es necesario hasta para el adulto. El niño en su impaciencia natural abusará de ellas. Le toca al adulto como entrenamiento en la paciencia y el manejo de la frustración, establecer las reglas que marquen cuando el niño se ha esforzado lo suficiente como para que le esté permito solicitar la ayuda.
En ocasiones era yo mismo el que iba dando pistas para guiar el razonamiento y pensamiento deductivo de Jon. Era muy bonito contemplar la satisfacción dibujándose en su rostro cuando daba con cada solución.
Pero una serie de rompecabezas por buenos e ingeniosos que sean sin un contexto que los una, solo es una pagina de pasatiempos de un periódico.
Un anhelo de cualquier padre es transmitir sus aficiones a sus hijos, y ya no te cuento si puedes vivir junto a él las que disfrutaste en tu infancia.
Por lo que solo puedo describir como una experiencia maravillosa sumergirnos en la fantástica historia de estos dos hermanos en su afán por regresar a casa.
Fue muy bonito escuchar los comentarios de Jon sobre las circunstancias y acontencidos que se daban dando. Ver lo mucho que estaba dentro de la historia y la estaba sintiendo suya, y su expresión de total atención ante el desenlace de la aventura.
Durante el mismo, la señora nostalgia me trajo algunos momentos a mi mente: Bastián y Atreyu salvando Fantasía, Alex destruyendo la nave de los Ko-Dan en El Último Starfighter, o Bobbin aplicándose a el mismo el hechizo de transcedencia en Loom.
Me pregunto si a Jon se le habrá quedado también esta historia y su desenlace en el espacio de los recuerdos mágicos de su infancia. Por las veces que habla de ella habiendo pasando ya un tiempo desde que lo jugamos, podría ser que sí.
PD: Sus primos, más mayores que él, vinieron a nuestra casa por su cumpleaños y aprovechamos para volver a jugar. Fue fascinante como tres niños de diferentes edades hacían brain storming para resolver los rompecabezas del juego.