Era 2025 y parecía que definitivamente y por desgracia el apocalipsis no iba a ser zombie.
El mundo vivía en un sálvese quien pueda, tonto el último, egoísta, individualista, superficial, una selva donde la empatía y el calor humano eran oasis en el desierto de la humanidad en plan literal bro.
Pero entonces me desperté y era un sueño.
No, que va, volví a despertarme, y todo seguía igual, pero diferente.
Pequeñas cosas habían cambiado. Detalles sin importancia, que inicialmente me parecieron errores de Matrix, pero luego se incrementaron en número y en importancia.
Al comienzo era el lugar donde había puesto las llaves, después donde había aparcado el coche, el color del coche, el color del pelo de mi hermana, los gatos ahora tienen 5 patas y colas de dos puntas, oye, ¿yo no tenía una hermana?
Y ya no me pasaba a mí solo, cual apagón, lo que comenzó como algo local, pasó a provincial, nacional, continental, mundial…, pero esta vez era verdad.
Las teorías conspiranoicas corrían como la pólvora.
¿Resultaba que al final era verdad lo de los chemtrails? ¿Se les había ido la mano con el 5G? ¿El WiFi nos estaba haciendo zumo el cerebro? ¿Los pájaros existían realmente? ¿Eran alienígenas preparando una invasión en ciernes? ¿Eran los illuminati, los masones, los anunnaki, los reptilianos, los otaku?
Entonces se anunció en todo el mundo, a bombo y platillo. Desde hacía un tiempo dirigentes y ejércitos de todos los países habían empezado a recibir avisos del futuro. De una humanidad que habiendo descubierto el viaje al pasado y abocada ya a la inminente extinción, se había decidido en un último y desesperado intento, a cambiar el futuro realizando cada vez acciones más intrusivas en el pasado.
Pero a cada cambio parecía que todo fuese un poco más a peor.
Bad Bunny ganaba tres veces el Grammy y atesoraba ya 10 nominaciones, Trump -ya de un naranja fluorescente- había salido reelegido por segunda vez como presidente de los Estados Unidos, y tenía como mano derecha a Elon Musk. El número de perros como mascotas ya era superior al de niños, y el de altavoces bluetooth superior al de perros. Y se acababa de permitir que los patinetes eléctricos fueran por cualquier sitio, a cualquier velocidad, y mirando el móvil si su conductor así lo deseaba sin mayor apercibimiento, si ya pa’qué…
Pero entonces empezó a suceder. Todo comenzó con un pequeño suceso a finales de julio de 2025. Un pequeño paso para el euscontercita, pero un gran paso para la humanidad. La Euskal Encounter 33 volvía a contar con aire acondicionado.
Rápidamente fui a publicar un reel con algún efecto de congelación, pero no fui capaz de encontrar ninguna app de redes sociales en el móvil.
Por alguna extraña razón tampoco aparecía el icono del LoL en el escritorio de mi ordenador.
Me gire rápidamente para contárselo a mi vecino de puesto: Iñaki “el letrinas”, pero en su lugar se encontraba una mujer de mediana edad de aspecto aseado, que me ofreció una bebida isotónica no azucarada sin rastro de taurina, y un choripán de chorizo y pan de pueblo ecológico.
Me incorporé en mi puesto cual meme de Jon Travolta, para atónito comprobar que me encontraba rodeado de una congregación paritaria de ambos sexos.
Todavía en estado de shock, salí por las puertas del BEC no sin antes pasar por unos relucientes e impolutos baños, para dar con una ciudad de Barakaldo respetuosa en su construcción con el entorno idílico en el que se había erigido. Con edificaciones de no más de dos plantas, colores uniformes, vegetación rebosante, y carreteras soterradas en su mayoría.
Durante los siguientes días, vi a personas pensando antes en el bien común qué en ellos mismos -incluso políticos-. El egoísmo y el individualismo habían sido erradicados cuales enfermedades del pasado. La empatía y la ayuda al prójimo eran las prioridades de la sociedad.
En definitiva, estaba en un futuro más humano.