Llevo ya bastante sin escribir. La falta de tiempo inicialmente, la falta de ganas a posteriori.
Hoy escuchando un video de Youtube de DECODE que versa sobre la capacidad de esfuerzo y autodisciplina, me he decidido a recuperar el hábito.
Suelo ser muy metódico con la ingesta de azúcar y cafeína. Un café al levantarme con tres cucharas de café planas de Nescafé más dos planas también de panela, y otro de idénticas medidas sobre las 18:00h, es lo que tengo comprobado que mejor me va para no sufrir de falta de ganas y/o cansancio durante el día.
Pero en estas últimas horas en las que no puedo doparme si quiero conciliar bien el sueño, solo queda tirar de esfuerzo y autodisciplina.
Y aunque pueda sonar contradictorio, la idea implícita en todo esto es esforzarse para sentirse bien.
Así que aquí estoy frente al ordenador, después de acostar a Jon, forzándome a escribir. De cualquier cosa, aunque no me apetezca, aunque esté cansado, aunque y consecuencia de lo anterior, no me sienta inspirado, aunque sean ideas inconexas o poco conexas, ya les daré forma e hilo conductor después.
Algo que tengo muy comprobado es que al ser humano se le da muy mal anticipar el efecto que van a producirle las actividades y acciones que realiza.
El dicho de ten cuidado con lo que deseas, no se vaya a hacer realidad, viene un poco por esto. Lo que deseamos y lo que nos hará sentirnos bien, normalmente son cosas distintas.
Ahora mismo tengo hambre -bastante- pero si me pongo a cenar luego con la digestión ya sí que estaré tan cansado, que me será imposible ponerme a escribir. Así que estoy tirando de autodisciplina, mientras me pregunto: ¿cuánto me durará esta vez el propósito?
Además, si cenase tendría la lucha interna habitual de irme a la cama y ponerme a leer, frente a hacer scroll por las redes sociales, chatear en algunos grupos, o perder el tiempo de alguna otra forma similar que me deje la sensación de haber malgastado el tiempo y que mañana me levante cansado. Y es una lucha que últimamente estoy perdiendo en demasiadas ocasiones.
En cierta forma es la lucha del sistema uno contra el sistema dos como diría Daniel Kahneman. Nuestro cerebro no quiere esforzarse, no quiere que le des trabajo al sistema dos, no quiere que tengas que pensar y por ende, le hagas trabajar.
Pon esa película de acción trepidante, que nos dará dopamina rápida sin hacer el más mínimo esfuerzo.
No te interesa ver esa película lenta y aburrida, en la que me vas a hacer trabajar para apreciar todo lo que nos quiere contar. O mejor aún, unos videos de Youtube, y vete de uno en otro rápidamente aunque no lleguen ni a los 10 minutos cada uno, que eso de la capacidad de atención también cansa.
¿Prefieres un videojuego? Perfecto, pues entonces vamos a jugar a los mismos videojuegos de siempre que ya tenemos interiorizados en el sistema uno, no me hagas aprenderme ahora nuevas mecánicas, puzzles o cualquier cosa que me haga trabajar.
El paradigma actual de la civilización occidental en vez de un angel y un demonio uno en cada hombro, es un adalid de la vagancia frente al paladín del esfuerzo.
En Una vida sin esfuerzo: La trampa del confort, Dani Novarama da vueltas sobre la idea de que hemos diseñado una sociedad que irónicamente al buscar el confort nos ha hecho infelices.
Así que la auto moraleja de hoy es: La concentración es el camino a la felicidad, a través del esfuerzo.