Es habitual que las madres y padres suelan decir que haber tomado la decisión de serlo -aún con todo el sacrificio y esfuerzo que supone- es la mejor decisión que han tomado en su vida.
Hay decisiones tan importantes que al tomarse parten la vida en dos. Tan importantes, que el tú de esta vida donde tomaste un camino, es una persona diferente al tú de la vida donde tomaste el otro.
Y seguramente sea verdad que para la inmensa mayoría de las madres y padres que lo han sido, es la mejor decisión que han tomado y no la cambiarían por nada, sobre todo, porque hacerlo supondría que sus hijos desaparecerían.
Yo mismo, pese a que considero que algunas de ellas no fuera muy acertadas, no concibo haber tomado decisiones distintas a las que me llevaron a Jon.
Pero no creo que la respuesta se deba a una cuestión de comparar cual hubiera sido una vida mejor o cual una peor. En mi opinión es una cuestión de identidad. Tanto de la identidad de los hijos como de la de las madres y padres, quienes son debido a haber tomado esas decisiones.
Tengo un amigo que mantiene que quiere más a su esposa que a sus hijos, y lo argumenta diciendo que ha vivido más con ella, y que sus hijos se irán, o se han ido, pero su mujer se queda con él. Cuando dice esto creo que hay tanto una parte egoísta evidente en su razonamiento, como otra parte de no saber explicarse.
El vínculo con tu pareja si es real -hay muy pocos que lo son- es de tú a tú. Alcanzar la unidad sin perder la individualidad. Contárselo casi todo. Conocerse, aceptarse, quererse, amarse y admirarse. Esto es sin duda realmente difícil de lograr. Con los hijos el vínculo es distinto. De crianza, de protección, de amor incondicional, pero no de tú a tú.
Hay elementos que no son comparables, y la pregunta o el juego de a quien quieres más o a quien salvarías en un incendio si solo pudieras salvar a uno, viene viciado de inicio. No creo que el amor por tu pareja sea comparable al amor por tu hijo, pero si te ponen en la tesitura de elegir con que de las dos cosas te quedas y entras al juego, entiendo perfectamente a quien elija una cosa y a quien elija la otra.
Una de las cosas más bonitas de ser padre, es compartir las películas que marcaron tu infancia con tu hijo.
De vez en cuando rescato alguna de aquellas joyas, y la disfrutamos juntos.
Pero como cinco años aún son pocos, hay que filtrar con cuidado.
Aquí van mis aciertos (primera parte)
Cariño, he encogido a los niños: No hay premisa mejor para que un niño de cinco años se quede embobado durante hora y media. Nunca un jardín fue más peligroso. ¿De verdad tenía que morir la hormiga? Nick Morranis.
Los Goonies: Richard Donner poco se te agradece. La escena de créditos inicial en bucle. Gordi, cuéntalo todo desde el principio. Todos quisimos ser Data y la acabamos liando con el Quimicefa. Los Fratelli, desestructurados pero entrañables. Defíneme la infancia de los 80 con solo una palabra.
Mary Poppins: Compárala con Frozen para ver como ha cambiado todo. Yo de mayor quiero ser deshollinador. Fan de los musicales a partir de aquí. Julia Andrews y Dick Van Dyke. Échale un poco de azúcar.
Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio: Steven hazme una película de Tintín, pues sujétame el cubata. Indiana Jones pero mejor. La escena de persecución del final no la igualan ni veinte Fast and Furious.
Big: El mejor papel de Tom Hanks. No querías ser mayor, pues toma dos tazas. Atentos a cuando se encariña con la prota de la peli para pasar rápido. Todos salimos haciendo la escena del piano gigante en algún paso de cebra.
Se viene el estudio Ghibli para mayores de cinco años (aquí no entra La Tumba de las Luciernagas)
Mi vecino Totoro: No pasa nada pero pasa de todo. Un gato tigre gigante autobús volador. Ghibli en estado puro. Lo mejor para después de un parque de bolas. Joe Hisaishi le da mil vueltas a John Williams.
Arriety: Otra de aventuras en un jardín cuál jungla, esto nunca falla. Los cuervos japoneses son enormes. Cécile Corbel que bueno que viniste. ¿En todas las familias japonesas hay alguien en cama?
Ponyo: Entrañable, graciosa, y como casi todo lo de Ghibli, una obra de arte. Homenaje a Julio Verne. Cuando el agua viene a verme.
Era 2025 y parecía que definitivamente y por desgracia el apocalipsis no iba a ser zombie.
El mundo vivía en un sálvese quien pueda, tonto el último, egoísta, individualista, superficial, una selva donde la empatía y el calor humano eran oasis en el desierto de la humanidad en plan literal bro.
Pero entonces me desperté y era un sueño.
No, que va, volví a despertarme, y todo seguía igual, pero diferente.
Pequeñas cosas habían cambiado. Detalles sin importancia, que inicialmente me parecieron errores de Matrix, pero luego se incrementaron en número y en importancia.
Al comienzo era el lugar donde había puesto las llaves, después donde había aparcado el coche, el color del coche, el color del pelo de mi hermana, los gatos ahora tienen 5 patas y colas de dos puntas, oye, ¿yo no tenía una hermana?
Y ya no me pasaba a mí solo, cual apagón, lo que comenzó como algo local, pasó a provincial, nacional, continental, mundial…, pero esta vez era verdad.
Las teorías conspiranoicas corrían como la pólvora.
¿Resultaba que al final era verdad lo de los chemtrails? ¿Se les había ido la mano con el 5G? ¿El WiFi nos estaba haciendo zumo el cerebro? ¿Los pájaros existían realmente? ¿Eran alienígenas preparando una invasión en ciernes? ¿Eran los illuminati, los masones, los anunnaki, los reptilianos, los otaku?
Entonces se anunció en todo el mundo, a bombo y platillo. Desde hacía un tiempo dirigentes y ejércitos de todos los países habían empezado a recibir avisos del futuro. De una humanidad que habiendo descubierto el viaje al pasado y abocada ya a la inminente extinción, se había decidido en un último y desesperado intento, a cambiar el futuro realizando cada vez acciones más intrusivas en el pasado.
Pero a cada cambio parecía que todo fuese un poco más a peor.
Bad Bunny ganaba tres veces el Grammy y atesoraba ya 10 nominaciones, Trump -ya de un naranja fluorescente- había salido reelegido por segunda vez como presidente de los Estados Unidos, y tenía como mano derecha a Elon Musk. El número de perros como mascotas ya era superior al de niños, y el de altavoces bluetooth superior al de perros. Y se acababa de permitir que los patinetes eléctricos fueran por cualquier sitio, a cualquier velocidad, y mirando el móvil si su conductor así lo deseaba sin mayor apercibimiento, si ya pa’qué…
Pero entonces empezó a suceder. Todo comenzó con un pequeño suceso a finales de julio de 2025. Un pequeño paso para el euscontercita, pero un gran paso para la humanidad. La Euskal Encounter 33 volvía a contar con aire acondicionado.
Rápidamente fui a publicar un reel con algún efecto de congelación, pero no fui capaz de encontrar ninguna app de redes sociales en el móvil.
Por alguna extraña razón tampoco aparecía el icono del LoL en el escritorio de mi ordenador.
Me gire rápidamente para contárselo a mi vecino de puesto: Iñaki “el letrinas”, pero en su lugar se encontraba una mujer de mediana edad de aspecto aseado, que me ofreció una bebida isotónica no azucarada sin rastro de taurina, y un choripán de chorizo y pan de pueblo ecológico.
Me incorporé en mi puesto cual meme de Jon Travolta, para atónito comprobar que me encontraba rodeado de una congregación paritaria de ambos sexos.
Todavía en estado de shock, salí por las puertas del BEC no sin antes pasar por unos relucientes e impolutos baños, para dar con una ciudad de Barakaldo respetuosa en su construcción con el entorno idílico en el que se había erigido. Con edificaciones de no más de dos plantas, colores uniformes, vegetación rebosante, y carreteras soterradas en su mayoría.
Durante los siguientes días, vi a personas pensando antes en el bien común qué en ellos mismos -incluso políticos-. El egoísmo y el individualismo habían sido erradicados cuales enfermedades del pasado. La empatía y la ayuda al prójimo eran las prioridades de la sociedad.
Llevo ya bastante sin escribir. La falta de tiempo inicialmente, la falta de ganas a posteriori.
Hoy escuchando un video de Youtube de DECODE que versa sobre la capacidad de esfuerzo y autodisciplina, me he decidido a recuperar el hábito.
Suelo ser muy metódico con la ingesta de azúcar y cafeína. Un café al levantarme con tres cucharas de café planas de Nescafé más dos planas también de panela, y otro de idénticas medidas sobre las 18:00h, es lo que tengo comprobado que mejor me va para no sufrir de falta de ganas y/o cansancio durante el día.
Pero en estas últimas horas en las que no puedo doparme si quiero conciliar bien el sueño, solo queda tirar de esfuerzo y autodisciplina.
Y aunque pueda sonar contradictorio, la idea implícita en todo esto es esforzarse para sentirse bien.
Así que aquí estoy frente al ordenador, después de acostar a Jon, forzándome a escribir. De cualquier cosa, aunque no me apetezca, aunque esté cansado, aunque y consecuencia de lo anterior, no me sienta inspirado, aunque sean ideas inconexas o poco conexas, ya les daré forma e hilo conductor después.
Algo que tengo muy comprobado es que al ser humano se le da muy mal anticipar el efecto que van a producirle las actividades y acciones que realiza.
El dicho de ten cuidado con lo que deseas, no se vaya a hacer realidad, viene un poco por esto. Lo que deseamos y lo que nos hará sentirnos bien, normalmente son cosas distintas.
Ahora mismo tengo hambre -bastante- pero si me pongo a cenar luego con la digestión ya sí que estaré tan cansado, que me será imposible ponerme a escribir. Así que estoy tirando de autodisciplina, mientras me pregunto: ¿cuánto me durará esta vez el propósito?
Además, si cenase tendría la lucha interna habitual de irme a la cama y ponerme a leer, frente a hacer scroll por las redes sociales, chatear en algunos grupos, o perder el tiempo de alguna otra forma similar que me deje la sensación de haber malgastado el tiempo y que mañana me levante cansado. Y es una lucha que últimamente estoy perdiendo en demasiadas ocasiones.
En cierta forma es la lucha del sistema uno contra el sistema dos como diría Daniel Kahneman. Nuestro cerebro no quiere esforzarse, no quiere que le des trabajo al sistema dos, no quiere que tengas que pensar y por ende, le hagas trabajar.
Pon esa película de acción trepidante, que nos dará dopamina rápida sin hacer el más mínimo esfuerzo.
No te interesa ver esa película lenta y aburrida, en la que me vas a hacer trabajar para apreciar todo lo que nos quiere contar. O mejor aún, unos videos de Youtube, y vete de uno en otro rápidamente aunque no lleguen ni a los 10 minutos cada uno, que eso de la capacidad de atención también cansa.
¿Prefieres un videojuego? Perfecto, pues entonces vamos a jugar a los mismos videojuegos de siempre que ya tenemos interiorizados en el sistema uno, no me hagas aprenderme ahora nuevas mecánicas, puzzles o cualquier cosa que me haga trabajar.
El paradigma actual de la civilización occidental en vez de un angel y un demonio uno en cada hombro, es un adalid de la vagancia frente al paladín del esfuerzo.
En Una vida sin esfuerzo: La trampa del confort, Dani Novarama da vueltas sobre la idea de que hemos diseñado una sociedad que irónicamente al buscar el confort nos ha hecho infelices.
Cualquiera que haya pasado una depresión, una de verdad, una de no poder levantarte de la cama, una de que nada tiene sentido, de las de que ser: duele, sabe que las ganas es la mayor bendición que existe.
El café, oh!!, alabado sea ese generador de ganas. Pero no abuses de él o perderá su efecto. Uno por las mañanas para coger ganas para el día, y el de después de las comidas para contrarrestar la pesadez de la digestión.
No comas de forma copiosa, que eso quita ganas, y si no hay posibilidad de siesta, además es un fastidio.
Ahora cuido mis hábitos: alimenticios, físicos, de sueño, mentales y cognitivos, no tanto por encontrarme bien de salud mental y espiritual, sino por cultivar mis ganas. Que aunque esté muy relacionada una cosa con la otra, no es lo mismo.
Hacer da ganas, y hacer bien da ganas por dos. Da igual que sea instalar un ventilador de techo, que pintar la Capilla Sixtina. Al terminar, después de recoger todo ya sea físico o digital y contemplar la obra, si acabas orgulloso de ella, se te redoblan las ganas para comenzar con la siguiente.
Pero cuidado con tener muchas ganas, que luego te flipas y cuando no tienes tantas, se te viene el mundo encima…
Cuidado con esos días en los que estás repleto de ganas, en los que te comerías el mundo. Esos días utilízalos para continuar proyectos, para comenzar con otros que ya tenías pensado hace tiempo, pero no comiences cosas nuevas.
Pero realmente es un proceso donde se llega a tal estado de concentración, que todo desaparece y el sistema de pensamiento uno gracias a la
experiencia adquirida por el deportista profesional tras muchas repeticiones, se encarga de todo, sin que el sistema dos se active para nada (el sistema uno es el de pensamiento intuitivo, y el dos el de pensamiento lógico)
Yo disfrutaba mucho de mis vacaciones de enero haciendo snowboard, porque a pesar de no ser un deportista profesional, tenía muchos momentos de flow mental, y entre otras cosas me ayudaba a realizar una desconexión total que luego podía mantener en cierta medida hasta la siguiente sesión de snow.
En la Euskal Encounter también me lo paso genial y desconecto del día a día, porque en la Euskal combino dos de mis grandes aficiones: socializar y
aprender.
Las aficiones ayudan a desconectar, porque hacen que tu cerebro se concentre enormemente en una sola tarea.
También la meditación es un estado de concentración profundo.
En definitiva, la concentración es el camino a la felicidad.
Amazon en su web de Prime Gaming, y Epic, regalan juegos asiduamente. Una vez por semana suelo mirar que regalan, y si veo que podrían encajar en el tipo de juegos que quiero experimentar con Jon, además de reclamarlos, los descargo y marco como favoritos.
Se trata de un juego de laberintos en el cual somos un detective: Pierre, que con la ayuda de nuestra inseparable amiga: Carmen, perseguimos a un ladrón muy malo.
Jon todavía no sabe leer, y aunque supiera, no lo haría a la velocidad requerida para seguir los textos de la historia, que se narra antes de comenzar cada mapa, en formato de comic en voz inglesa y subtítulos en castellano. Así que, con mucho énfasis para darle emoción a la situación, voy narrando la historia con el apoyo visual de las viñetas en el televisor.
En cada mapa hemos de llegar hasta donde se encuentra el malo malvado, y para ello Jon ha aprendido muy bien lo que significa la palabra rodeo.
Hasta ahora solo conocía: atajo, así que en los primeros intentos exclamaba: ¡¡voy a llegar muy rápido, ya verás papa como sí!! Pero rápidamente se dio cuenta de que el camino que parecía más rápido y directo, estaba siempre cortado justo al final del mismo, obligándole a realizar tortuosos rodeos para llegar al destino. Toda una lección de vida, si tienes 30 años o más ?
Y Jon cambió el chip. De la competición de velocidad de una carrera, al pensamiento lógico para hallar el camino que solucionaba el laberinto.
Una de las cosas que trabajo con Jon es la concentración, ya que desde siempre ha estado muy por debajo de lo normal en lo que al tiempo que es capaz de concentrarse en algo se refiere, sobre todo cuando no es algo interactivo.
Si íbamos a un teatro o a un espectáculo, el primer niño en revolverse en su asiento y querer salir de allí era él. ConLabyrinth City: Pierre the Maze detective, Jon ha estado en cada partida más de una hora y en alguna ocasión casi hora y medio concentrado y dándole al coco, hasta que por cansancio mental lo dejaba (ya sabéis padres: el modo Gremlin).
Cada mapa del juego está lleno de detalles, lo que promueve la agudeza visual. Encontrar el rodeo adecuado es todo un desafío cognitivo -para el niño y para el padre-, al que se suman pequeños minijuegos como puede ser un clásico juego de trileros, búsqueda de patrones por colores y números, o un rompecabezas de palancas y poleas entre otros.
Y no es solo, ni mucho menos, resolver el laberinto. En poco tiempo se empieza a disfrutar más del viaje que de alcanzar el destino. Jon es muy competitivo, y hasta la fecha disfruta más del hecho de ganar que de la carrera en si, llegando al punto que si ve que no gana, le deja de interesar el juego.
Pero en el caso de Labyrinth City, en cada mapa existen multitud de objetos y personajes con los que interactuar. Algunos de estos personajes nos contarán historias y pedirán ayuda, la cual les prestaremos resolviendo diferentes pruebas de ingenio. Algunos de los objetos nos darán pistas, o nos desafiarán a encontrar todos los de una misma serie a lo largo del mapa.
Bueno, no me enrollo más. Una imagen vale más que mil palabras, y un video no sé cuanto valdrá más que una imagen, así que aquí tenéis una imagen, y un video.
PD: Al final aunque ya lo tuviera gratis, acabé comprando el juego ¡¡Qué menos por 10 euros !!
Uno de los aprendizajes más importantes en la vida, es el de dedicarle el tiempo justo a los pensamientos negativos, entendiendo por negativos, aquellos que atribulan nuestra mente cuando la atraviesan.
La mejor forma que he encontrado de escapar de estos pensamientos, es buscar uno positivo de igual o mayor intensidad que lo sustituya, en el cual sí recrearme.
Mientras lo busco, me siento como expedicionario en la selva, cortando a golpe de machete pensamientos negativos para conseguir llegar a algún claro en mi mente. A veces, la selva está realmente frondosa, y parece que no se va a acabar nunca, pero últimamente siempre encuentro un claro donde florecen vivencias con mi hijo de ya casi 5 años.
Este fin de semana era fin de semana de motos, y llevo unos años que no perdono uno. E igual que hacía yo con mi padre en los tiempos de Aspar en Derbi, hoy Jon viendo que no se iba a poner otra cosa en la tele, decidió acompañarme a ver la carrera de Moto3. Y así, nos sentamos juntos en el sofá a ver la retransmisión.
El juego era elegir un piloto, y como no para Jon, que ese piloto ganase. Jon es extremadamente competitivo, y aunque intento trabajar que disfrute del camino y no la victoria, la cual solo en raras ocasiones llega, me queda mucho trabajo por recorrer. Sin duda tiene la competitividad escrita en los genes.
Así que en claro alarde de ventajismo, se decidió por Yamanaka, piloto japonés que lideraba la carrera. Yo en cambio me decidí por Furusato, piloto también japonés de cuyo club de fans formo parte, pero que iba un poco más retrasado. Por supuesto, cuando Yamanaka se fue al suelo, rápidamente Jon cambió de piloto al que comandaba la carrera en ese momento: Rueda. A mí no me dio tiempo, porque ojo spoiler, Furusato se cayó en la penúltima curva cuando luchaba por la victoria -muerte o gloria-.
Jon aún no entiende eso de que el realizador decida ir cambiando de tomas y vaya enfocando a diferentes grupos de pilotos, y para él a cada cambio de toma le parece que las posiciones en la carrera también han cambiado, así que pregunta constantemente por las posiciones de los pilotos. Lo que va intercalando con solicitudes de reafirmación sobre que su piloto va a ganar y el tuyo no. Además, no tiene clara la diferencia entre adelantar y delante, por lo que cuando te dice que te va a adelantar yendo delante -su piloto elegido y él se convierten en el mismo ente-, quiere decirte que tú no le vas a adelantar a él -es decir, tu piloto a su piloto-. Y así, Jon no paró de hablar durante toda la carrera.
Y aunque la voz aguda de Jon se me clave como alfileres en el oído, y pese a que sus preguntas constantes me generen mayor cansancio que una sesión de Crossfit -nunca he realizado ninguna, pero dicen que cansa mucho-, disfruté aquella carrera de Sachsenring 2025 como pocas otras carreras he disfrutado en mi vida.
Y debe ser que Jon también lo disfrutó, porque al terminar quiso ver otra carrera. Por lo que mientras daba comienzo Moto2, pusimos un video de Youtube de carreras de Monster Trucks, porque Jon es muy de vehículos grandes. Ya tiene pensado comprarse de mayor una hormigonera, y cuando se le quede pequeña, una excavadora.
Pero no solo eso, cuando regresé a casa de ver MotoGP con los amigos de la LrDa en la Menganita de Torrelodones, Jon me estaba esperando con una sonrisa en la cara pidiéndome otra carrera más, así que nos vimos la carrera 2 de WSBK que también corrían este fin de semana.
Así que de un tiempo a esta parte, los claros en la selva de los pensamientos oscuros son más habituales y fáciles de encontrar, e iluminan con cada vez mayor intensidad.
Como escena post-créditos, os dejo a Jon gritando el nombre de su primer piloto preferido de la carrera:
A mi hijo de cuatro años casi cinco, le he ido introduciendo en el mundo de los videojuegos al poco que cumplió los cuatro años.
¿¿¡¡Pero que haces !!?? Un niño tan pequeño y ya con pantallas -aishh, esa palabra, pantallas…, ya hablaré de ellas-. ¿Es que tuviste un trauma de niño porque tu madre cada vez que te veía con el ordenador, ya fuera con el Deluxe Paint, el Turbo Basic, el Wordstar o el Lotus 123, te cronometraba los minutos al grito de: ¿¡ya estás otra vez con los marcianitos!? Pues sí, pero no es eso.
No voy a hacer una disquisición sobre las magnificas obras de arte que existen en el mundo de los videojuegos, y sobre todo, en su escena Indie. Lo que voy a hacer es un Goyo Jimenez, es decir, un: no lo digo, lo hago. Voy a contar a que jugamos Jon y yo, prestando especial atención a la afectación que tiene cada juego sobre Jon.
Aquí se viene el primer capitulo…
Ayer Jon y yo probamos el juego de los zorros, es decir, el Spirit of the North -el uno, que ya hay segunda parte-
No es un juego cooperativo, así que después de una pequeña decepción inicial -a Jon le encanta que juguemos los dos a la vez- que dura lo que en Madrid tarda un semáforo en ponerse en verde hasta que el de detrás te pita, Jon movió el stick izquierdo del gamepad hacia adelante -acción natural de echar a correr-, mientras me decía que había algo rojo en el cielo, a lo que le respondí: ¡¡ tendremos que seguirlo !!.
Yo pensé: ¡hostia, esto parece un walking simulator! A ver si esto va a ser el Journey con zorros. No creo que Jon dure jugando a una cosa así ni 5 minutos. Jon es un niño muy movido y activo. De esos que cuando se lo cuentas a alguien te dicen: ¡pues como todos los niños de su edad!, pero tú sabes que no, que en la categoría de la actividad está en un percentil bastante alto ?
Le observaba mientras jugaba: Jon tenía la boca entreabierta, los ojos como platos y cara de fascinación, mientras avanzaba lentamente convertido en zorro por un paisaje nevado realmente espectacular, escuchando una delicada e inmersiva música, siguiendo una especie de aurora boreal roja por el cielo.
Al poco, apareció ante nosotros un zorro formado de luz, que podía correr y saltar por el aire, y que parecía que nos mostraba el camino a seguir. Aquí fue cuando ante un par de saltos complicados de plataformeo, Jon me cedió el mando para que los superara, para arrebatármelo de nuevo con efusividad una vez que la dificultad había sido sobrepasada.
Una de las zonas que atravesamos estaba formada por toboganes de hielo, cosa que le encantó a Jon. ¡Velocidad y deslizamiento!, seguramente su reino detrás del arco iris sea algo así.
Alcanzamos por fin al zorro de luz, pero justo en ese momento algo rojo nos empieza a drenar la vida. Quedamos inconscientes tendidos en el suelo, pero el zorro de luz utilizando su poder luminoso nos despierta. La alegría dura poco, pues súbitamente el terreno bajo nuestros pies se derrumba y caemos.
De la caída nos despertamos con una pata delantera herida. Seguimos a nuestro amigo -Jon lo identifica con nuestro hermano-, a la pata coja. Cada vez se nos nota más cansado, y nuestro ahora ya bautizado hermano va emitiendo aullidos de lamento. Al final, conseguimos llegar a un estanque rodeado de piedras a lo Stone Edge, donde nuestro hermano luminoso utilizando su fuerza vital nos sana, pero su forma se va desvaneciendo convirtiéndose finalmente en una pequeña esfera.
Entonces agradezco a los desarrolladores que dejaran esa esfera, a la que me agarro como clavo ardiente para decirle a Jon que su hermano sigue estando con nosotros solo que ha cambiado de forma, y así retraso un poco más la inevitable conversación que tendré algún día con él sobre la muerte. Intuyo que a Jon no le convenzo del todo y quiere hacerme más preguntas, pero la idea de lo que acaba de suceder parece que le incomoda y decide seguir avanzando.
Seguimos jugando un rato más hasta que una zona de plataformeo demasiado complicada para su edad, le hace desistir y querer abandonar el juego.
Fue una buena idea jugar a Spirit of the North con Jon, y deberíamos volver a él más adelante.
Estoy trabajando con Jon la concentración más a allá de la excitación y los estímulos constantes y agresivos. Mucha gente asocia las pantallas con esto último, pero una pantalla solo es una ventana a algo, y ese algo detrás de la pantalla es lo importante, y no la pantalla en si misma.
Con Spirit of the North hemos vivido una experiencia mayormente calmada y contemplativa, con algunos momentos de acción puntuales, en un escenario tanto visual como musical muy atractivo y artístico.
De vez en cuando puedes escribir una frase algo más larga. Incluso usar algún que otro punto seguido. No vaya a parecer que estás escribiendo poesía. Ya has captado la atención del lector, y lo puedes aprovechar por un momento, pero solo por un momento.
No abuses que se te cansa.
Si es que ahora ya te ponen el tiempo previsto de lectura de los artículos -como diciéndote: tranqui tronqui, que esto pasa rápido- y ojo cuidao si pasa de 5 minutos, que la liamos.
Que ahora nos informamos de clickbait en clickbait, y el resto de texto solo se lo lee el Googlebot.
También las IAs.
Que ya se pasan el día leyéndose unas a otras.
Así que fatigado tu lector después de leer tres frases seguidas, tienes que volverle a hacer un cliffhanger, perdón, bucle abierto.
A lo que hemos llegado con el scroll infinito…
Lo peor de todo es que mola.
Me he descubierto leyendo con efusión textos -normalmente newsletters- con este estilo.
Por cierto, lo de cambiar comas o paréntesis por guiones medios, también es nuevo, ¿no?
Hoy acabo de leer a un newslettero -no sé si existe algún termino para este gremio- utilizar de cliffhanger para su suscripción de pago, el acceso a un maravilloso prompt para eliminar las palabras superfluas de tus textos.
Muerte a los adverbios exclamaba drásticamente.
Pero eso me he prometido que no. Para mis textos personales nunca utilizaré la IA -a los profesionales que les den-
Sería perder cualquier tipo de alma y personalidad.
Así que no, de ninguna manera, nanai, naranjas de la china, ni de coña, vamos, que no… ¿o sí?
Los gatos no lloran, tienen que inyectar paquetes.